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Bueno para vender, ¿es bueno para comer?

Hay alimentos muy tentadores ya sea porque tienen muy buen marketing o porque son muy sabrosos, pero eso no los convierte en buenos, desde el punto de vista nutricional.

 

Los fabricantes de alimentos necesitan vender y por eso, se esfuerzan por crear alimentos que visualmente se vuelvan tentadores. Los paquetes tienen colores, formas, tamaños que los vuelven irresistibles. 

Pensemos ejemplos donde el formato y lo publicitario nos convence:

  • Personajes de cuentos o de películas para vender golosinas, cereales o postrecitos para niños.
  • Ubicación de ciertos alimentos en lugares especiales de las góndolas del supermercado: por ejemplo golosinas pequeñas cerca de la caja registradora.
  • Promociones que 
  • Carteles que enuncian propiedades maravillosas de los alimentos, como “bajo en grasas”, “sin calorías”, “ayuda a reducir…”. Y otros mensajes similares.
  • Muchas veces la publicidad la realizan médicos, nutricionistas o profesionales de la salud e incluso, instituciones científicas que avalan determinados alimentos.

De esta forma, nos vamos convenciendo y empezamos a desear lo que no necesitamos pero por alguna razón, creemos que ese alimento nos va a salvar. Justamente esa es la función de un publicista. Y lo hacen muy bien.

 

En cambio, los alimentos reales, no tienen publicidad. Y ahí es muy difícil competir. Por eso creo, que mi principal función es “venderles” los alimentos sin paquetes, sin marcas, sin campañas exitosas detrás: frutas, verduras, huevo, carnes, por ejemplo.

 

La diferencia más importante radica en que los alimentos ultraprocesados, tienen muchas sustancias químicas agregadas que no son buenas para nuestra salud: colorantes, saborizantes, conservantes, etc. Además se elaboran con características organolépticas que los vuelven muy atractivos: su consistencia, aroma, crocancia, sabor. Todo irresistible. Dan ganas de comerlos y de no parar.

 

Claramente, esto trae consecuencias en el peso, porque se desregula la sensación de hambre/saciedad. Ya no sabemos cuándo dejar de comer estas cosas tan estimulantes. Nos hace aumentar de peso también, por supuesto. Pero también hay otras consecuencias, se desregula nuestra microbiota intestinal, esto disminuye su capacidad de brindar inmunidad. Producen inflamación sistémica. E incorporamos un montón de químicos que finalmente, nunca pueden ser buenos.

 

Los ultraprocesados enferman. De verdad. Producen obesidad, síndrome metabólico, hígado graso, diabetes y enfermedades autoinmunes.

 

Volvé a lo natural. A la comida sin paquete. Esos que no tienen marketing pero dan saciedad, nutren, brindan bienestar, reducen la ansiedad y existen desde siempre. La especie humana evolucionó y se perpetuó sin  postrecitos ni barritas, así que sin dudas, no los necesitamos.

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