Desde hace mucho que sabemos que el azúcar no es bueno para nuestro organismo. Cuando esa información comenzó a circular, la industria creó los edulcorantes NO nutritivos.

Parecía la solución. Sabor dulce pero sin hidratos de carbono y sin calorías. Por las dudas se analizó el riesgo de algunas enfermedades graves, como cáncer y, hasta el momento, no hay pruebas concluyentes que exista una asociación causa-efecto entre ambos. Así fue que también se establecieron los límites máximos permitidos para que no haya riesgos. Cumplidos estos pasos se consideró seguros a los edulcorantes.

En este punto, yo haré algunas salvedades:

  • No deja de ser un químico que ingresa a nuestro cuerpo. Diariamente recibimos muchas sustancias no naturales. Será necesario considerar si quiero seguir agregando más.
  • En bebidas gaseosas, jugos, gelatinas la concentración es muy alta y encima, podemos llegar a consumir mucho de estos alimentos. No es dificil consumir un litro de jugo o gaseosa en el día.
  • Muchos estudios son propuestos por la misma industria de edulcorantes. Esa situación puede producir que haya un sesgo en los estudios publicados.

Más allá de esto, hubo algunas cosas que en primera instancia no se tuvieron en cuenta: el efecto del sabor dulce sobre nuestras papilas gustativas, el efecto de ese sabor dulce percibido sobre la insulinemia y la glucemia y las modificaciones que pueden producirse en la microbiota, entre otros.

Efecto del sabor dulce. Que el edulcorante no tenga calorías no significa que no nos afecte de alguna forma y el primer efecto está en la percepción del sabor. Todos tenemos un umbral de sabor. Imaginen que yo uso un sobre de edulcorante en una taza de café, si empiezo a usar dos, aumentaré mi umbral de dulzor. Empezaré a necesitar cada vez más. Las otras cosas que consuma me parecerán poco dulces. Y cuanto más edulcorante tenga y más sabor dulce sienta en mi boca, más seguiré buscando. Por suerte, puedo generar el camino inverso. Si comienzo a utilizar menos edulcorante, reduzco mi umbral y comienzo a necesitar cada vez menos esos dulces.

Modificaciones en la microbiota y el tracto digestivo. Algunos edulcorantes, como la sacarina, tienen un efecto proinflamatorio. También se demostró que pueden modificar la secreción de hormonas gastrointestinales que regulan el movimiento intestinal. Pero el efecto más demostrado es la alteración de la composición de la microbiota. Esto provoca que se rompa el equilibrio normal entre bacterias benéficas y patógenas, y esto se asocia con una amplia gama de enfermedades como diarrea, síndrome de intestino irritable o enfermedades inflamatorias intestinales, cáncer colorrectal, y otras patologías hepáticas y alergias. También tiene relación con  la obesidad, la diabetes II y la celiaquía. Las alteraciones de la composición de la microbiota intestinal pueden afectar al sistema nervioso central, ya que el intestino y el cerebro están conectados a través de un sinfín de vías de comunicación utilizadas por metabolitos bacterianos y transmisores. También pierde el efecto de barrera y produce menor inmunidad. 

Conservar la salud intestinal es prioritario. Nuestra microbiota necesita estar equilibrada y como vemos, no lo lograremos usando edulcorantes.

Efecto sobre la glucemia e insulinemia. En los últimos años han surgido varios estudios que demuestran que, aun sin aporte de macronutrientes y calorías, los edulcorantes artificiales producen modificaciones en los niveles de glucosa y de insulina en sangre, e incluso de la ingesta posterior de alimentos. Teóricamente, sería la percepción del sabor dulce lo que produce ese aumento y/o los cambios en el intestino. Con lo cual, no sería seguro el consumo de edulcorantes incluso en pacientes obesos y/o diabéticos.

Entonces, ¿cómo endulzamos? quizá será momento de empezar a generar un nuevo hábito, reeducar nuestro paladar, depender menos de los endulzantes y volver a amigarnos con el sabor real de los alimentos. Las frutillas, el pomelo, el té tienen su propio sabor, sólo que nos hemos acostumbrado a comerlos con algún endulzante. Si los comemos solos, no es que no tienen sabor, lo que realmente extrañamos es el azúcar. Lo bueno es que el paladar se reeduca. El objetivo será ese, necesitar cada vez menos del sabor dulce.

Bibliografía:

  1. https://doi.org/10.1016/j.appet.2010.08.021
  2.  https://doi.org/10.1038/s41598-020-72501-w
  3. https://doi.org/10.1093/advances/nmz112
  4. https://doi.org/10.1016/j.fct.2018.12.005
5 de noviembre de 2020

0 respuestas sobre "Edulcorantes, más allá de las calorías"

Deja un mensaje

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Template Design © VibeThemes. All rights reserved.